martes, junio 23, 2009

LA INTELIGENCIA VIENE DEL CORAZÓN II

EL CENTRO VITAL DEL SER HUMANO, MORADA DE BRAHMA, cap. III del libro “El hombre y su devenir según el Vedanta” de René Guénon.


El «Sí mismo» no debe ser distinguido de Âtmâ; y, por otra parte, Âtmâ se identifica a Brahma mismo: es lo que podemos llamar la «Identidad Suprema». La realización de esta identidad se opera por el Yoga, es decir, la unión íntima y esencial del ser con el Principio Divino o, si se prefiere, con lo Universal. Es menester destacar que esta realización no debe considerarse propiamente como una «efectuación», o como «la producción de un resultado no preexistente», ya que la unión de que se trata, incluso no realizada actualmente en el sentido en el que lo entendemos aquí, por eso no existe menos potencialmente, o más bien virtualmente; así pues, se trata solo, para el ser individual (ya que no es más que en relación a éste como se puede hablar de «realización»), de tomar efectivamente consciencia de lo que es realmente y por toda la eternidad.

Por eso es por lo que se dice que es Brahma quien reside en el centro vital del ser humano, y eso para todo ser humano cualquiera que sea, y no solo para el que está actualmente «unido» o «liberado». Este centro vital se considera que corresponde analógicamente al más pequeño ventrículo (guhâ) del corazón (hridaya). El corazón se considera como el centro de la vida, y lo es en efecto, desde el punto de vista fisiológico, en relación a la circulación de la sangre, pero se considera además como tal, en un orden superior, y simbólicamente en cierto modo, en relación a la Inteligencia universal (en el sentido del término árabe El-Aqlu) en sus relaciones con el individuo. Conviene notar a este propósito que los griegos mismos, y Aristóteles entre otros, atribuían el mismo papel al corazón, al que hacían también la sede de la inteligencia, si se puede emplear esta manera de hablar, y no del sentimiento como lo hacen ordinariamente los modernos; el cerebro, en efecto, no es verdaderamente más que el instrumento de la «mente», es decir, del pensamiento en modo reflexivo y discursivo; y así, según un simbolismo que ya hemos indicado precedentemente, el corazón corresponde al sol y el cerebro a la luna. No hay que decir, por lo demás, que, cuando se designa el corazón como el centro de la individualidad integral, es menester estar atento a que lo que no es más que una analogía no debe considerarse como una asimilación, y a que en eso no hay propiamente más que una correspondencia, que por lo demás no tiene nada de arbitrario, sino que está perfectamente fundada.

En esta morada de Brahma (Brahma-pura) “hay un pequeño loto, una estancia en la que hay una pequeña cavidad (dahara) ocupada por el Éter (Âkâsha); se debe buscar Lo que es en este lugar, y se Le conocerá”. Lo que reside en este centro de la individualidad, en efecto, no es solo el elemento etéreo, principio de los otros cuatro elementos sensibles, como podrían creerlo aquellos que se detengan en el sentido más exterior, es decir, en el que se refiere únicamente al mundo corporal, en el que este elemento desempeña efectivamente el papel de principio, pero en una acepción completamente relativa, como este mundo mismo es eminentemente relativo, y es esta acepción lo que se trata precisamente de transponer analógicamente. No es incluso más que a título de «soporte» para esta transposición por lo que se menciona aquí el Éter, y el fin mismo del texto lo indica expresamente, puesto que, si no se tratara de otra cosa en realidad, evidentemente no habría nada que buscar ahí; y agregaremos todavía que el loto y la cavidad de que se trata deben considerarse también simbólicamente, ya que no es literalmente como es menester entender una tal «localización», desde que se rebasa el punto de vista de la individualidad corporal, puesto que las demás modalidades no están sometidas a la condición espacial.


De lo que se trata verdaderamente, no es solo el «alma viva» (jîvatmâ), es decir, la manifestación particular del «Sí mismo» en la vida (jîva), y por tanto en el individuo humano, considerado más especialmente bajo el aspecto vital que expresa una de las condiciones de existencia que definen propiamente su estado, y que por lo demás se aplica a todo el conjunto de sus modalidades. En efecto, metafísicamente, esta manifestación no debe considerarse separadamente de su principio, que es el «Sí mismo»; y, si éste aparece como jîva en el dominio de la existencia individual, y por consiguiente en modo ilusorio, él es Âtmâ en la realidad suprema. «Este Âtmâ, que reside en el corazón, es más pequeño que un grano de arroz, más pequeño que un grano de cebada, más pequeño que un grano de mostaza, más pequeño que un grano de mijo, más pequeño que el germen que está en un grano de mijo; este Âtmâ, que reside en el corazón, es también más grande que la tierra (el dominio de la manifestación grosera), más grande que la atmósfera (el dominio de la manifestación sutil), más grande que el cielo (el dominio de la manifestación informal), más grande que todos estos mundos juntos (es decir, más allá de toda manifestación, puesto que es lo incondicionado)». De tal modo que, en efecto, puesto que la analogía debe aplicarse en sentido inverso como ya lo hemos señalado, del mismo modo que la imagen de un objeto en un espejo está invertida en relación al objeto, así lo que es lo primero o lo más grande en el orden principial es, al menos en apariencia, lo último o lo más pequeño en el orden de la manifestación. Para tomar términos de comparación en el dominio matemático, a fin de hacer la cosa más comprehensible, es así como el punto geométrico es nulo cuantitativamente y no ocupa ningún espacio, aunque sea el principio por el cual es producido el espacio todo entero, que no es más que el desarrollo de sus propias virtualidades; es así igualmente como la unidad aritmética es el más pequeño de los números si se la considera como situada en su multiplicidad, aunque es el más grande en principio, puesto que los contiene a todos virtualmente y produce toda su serie únicamente por la repetición indefinida de sí misma. El «Sí mismo» no está más que potencialmente en el individuo, mientras la «Unión» no está realizada, y por eso es por lo que es comparable a un grano o a un germen; pero el individuo y la manifestación toda entera no son sino por él y no tienen realidad sino por participación en su esencia, y él rebasa inmensamente toda existencia, puesto que es el Principio único de todas las cosas.

Si decimos que el «Sí mismo» está potencialmente en el individuo, y que la «Unión» no existe más que virtualmente antes de la realización, no hay que decir que eso no debe entenderse sino desde el punto de vista del individuo mismo. En efecto, el «Sí mismo» no es afectado por ninguna contingencia, puesto que es esencialmente incondicionado; es inmutable en su «permanente actualidad», y así no podría tener en sí nada de potencial. Así pues, es menester estar atento a distinguir «potencialidad» y «posibilidad»: la primera de estas dos palabras implica la aptitud para un cierto desarrollo, supone una «actualización» posible, y no puede aplicarse pues más que al respecto del «devenir» o de la manifestación; al contrario, las posibilidades, consideradas en el estado principial y no manifestado, que excluye todo «devenir», no podrían verse de ninguna manera como potenciales. Solamente, para el individuo, todas las posibilidades que le rebasan aparecen como potenciales, porque, mientras él se considera en modo «separativo», como si tuviera por sí mismo su ser propio, lo que puede alcanzar de ellas no es propiamente más que un reflejo (âbhâsa), y no esas posibilidades mismas; y, aunque eso no sea más que una ilusión, se puede decir que éstas permanecen siempre potenciales para el individuo, puesto que no es en tanto que individuo como él puede alcanzarlas, y puesto que, desde que son realizadas, ya no hay verdaderamente más individualidad, como lo explicaremos más completamente cuando tengamos que hablar de la «Liberación». Pero, aquí, debemos colocarnos más allá del punto de vista individual, al que, aunque le declaramos ilusorio, por eso no le reconocemos menos la realidad de la que es susceptible en su orden; de manera que, si consideramos al individuo, eso no puede ser sino en tanto que depende esencialmente del Principio, único fundamento de esta realidad, y en tanto que, virtual o efectivamente, se integra en el ser total; en definitiva, metafísicamente, todo debe ser referido al Principio, que es el «Sí mismo».
Así pues, lo que reside en el centro vital, desde el punto de vista físico, es el Éter; desde el punto de vista psíquico, es el «alma viva», y, hasta aquí, no rebasamos el dominio de las posibilidades individuales; pero también, y sobre todo, desde el punto de vista metafísico, es el «Sí mismo» principial e incondicionado. Por consiguiente, es verdaderamente el «Espíritu Universal» (Âtmâ), que es, en realidad, Brahma mismo, el «Supremo Ordenador»; y así se encuentra plenamente justificada la designación de este centro como Brahma-pura. Ahora bien, Brahma, considerado de esta manera en el hombre (y se le podría considerar semejantemente en relación a todo estado del ser), es llamado Purusha, porque reposa o habita en la individualidad (se trata, lo repetimos todavía una vez más, de la individualidad integral, y no solo de la individualidad restringida a su modalidad corporal) como en una ciudad (puri-shaya), ya que pura, en el sentido propio y literal, significa «ciudad».
En el centro vital, residencia de Purusha, «el sol no brilla, ni la luna, ni las estrellas, ni los relámpagos; mucho menos todavía este fuego visible (el elemento ígneo sensible, o Têjas, cuya cualidad propia es la visibilidad). Todo brilla según la irradiación de Purusha (reflejando su claridad); es por su esplendor por lo que este todo (la individualidad integral considerada como «microcosmo») es iluminado». Y se lee igualmente en la Bhagavad-Gîtâ: «es menester buscar el lugar (que simboliza un estado) de donde no hay retorno (a la manifestación), y refugiarse en el Purusha primordial de quien ha salido la impulsión original (de la manifestación universal)… Este lugar, ni el sol, ni la luna, ni el fuego lo iluminan: es mi morada suprema». Purusha es representado como una luz (jyotis), porque la luz simboliza el Conocimiento; y es la fuente de toda otra luz, que no es en suma más que su reflexión, puesto que todo conocimiento relativo no puede existir más que por participación, por indirecta y por lejana que sea, en la esencia del Conocimiento supremo. En la luz de este Conocimiento, todas las cosas son en perfecta simultaneidad, ya que, principialmente, no puede haber más que un «eterno presente», puesto que la inmutabilidad excluye toda sucesión; y no es más que en el orden de lo manifestado donde se traducen en modo sucesivo (lo que no quiere decir forzosamente temporal) las relaciones de las posibilidades que, en sí mismas, están contenidas eternamente en el Principio. «Este Purusha, de la magnitud de un pulgar (angustha-mâtra, expresión que no debe entenderse literalmente como asignándole una dimensión espacial, sino que se refiere a la misma idea que la comparación con un grano), es de una luminosidad clara como un fuego sin humo (sin mezcla alguna de obscuridad o de ignorancia); es el señor del pasado y del futuro (puesto que es eterno, y por tanto omnipresente, de suerte que contiene actualmente todo lo que aparece como pasado y como futuro en relación a un momento cualquiera de la manifestación, y, por lo demás, esto puede transponerse fuera del modo especial de sucesión que es propiamente el tiempo); es hoy (en el estado actual que constituye la individualidad humana) y será mañana (y en todos los ciclos o estados de existencia) tal cual es (en sí mismo, principialmente, por toda la eternidad)».

lunes, junio 22, 2009

LA INTELIGENCIA VIENE DEL CORAZÓN.

Hace un tiempo que me vengo preguntando de dónde viene la inteligencia. Es porque me creo tonto y no he encontrado a nadie que me pueda convencer de lo contrario. En esta búsqueda me topé con unos textos de René Guénon y entonces me cambió la vida. Todas las preguntas que me he planteado tienen la respuesta en sus libros que son tributarios de las escrituras sagradas de todas las religiones. He aprendido que la luz simboliza el conocimiento y que según esto el sol es analogable al corazón y la luna al cerebro, por lo que la inteligencia no vendría del cerebro sino del corazón. Descarté la razón, la memoria y la imaginación y me quedó la inteligencia solita (intus legere significa leer hacia adentro), que sería el medio por el cual uno puede alcanzar el Conocimiento, un rayo de sol. Cito: “El cerebro no es más que el instrumento de la mente, es decir, del pensamiento reflexivo y discursivo. No sin motivo se aplica la palabra "reflexión" al pensamiento racional, por el cual las cosas no se ven sino cómo en espejo. No sin motivo tampoco, una misma raíz, man- o men-, ha servido en lenguas diversas para formar los numerosos vocablos que designan por una parte la luna (griego mènê, inglés moon, alemán Mond) y, por otra, la facultad racional o lo "mental" (sánscrito manas, latín -mens, inglés mind) y también, consiguientemente, al hombre considerado más especialmente según la naturaleza racional por la cual se define específicamente (sáns­crito manava, inglés man, alemán -Mann y Mensch). La razón, en efecto, que no es sino una facultad de conocimiento mediato, es el modo propiamente humano de la inteligencia; la intuición intelectual puede llamarse suprahumana, puesto que es una participación directa de la inteligencia universal, la cual, residente en el corazón, es decir, en el centro mismo del ser, allí donde está su punto de contacto con lo Divino, penetra a ese ser desde el interior y lo ilumina con su irradiación”.

Cito “La luz es el símbolo más habitual del conocimiento; luego es natural representar por medio de la luz solar el conocimiento directo, es decir, intuitivo, que es el del intelecto puro, y por la luz lunar el conocimiento reflejo, es decir, discursivo, que es el de la razón. Como la luna no puede dar su luz si no es a su vez iluminada por el sol, así tampoco la razón puede funcionar válidamente, en el orden de realidad que es su dominio propio, sino bajo la garantía de principios que la iluminan y dirigen, y que ella recibe del intelecto superior.” “Basta reflexionar un instante para comprender que un principio, en el verdadero sentido del término, por el hecho mismo de que no puede derivarse o deducirse de otra cosa, no puede ser captado sino de modo inmediato, o sea, de modo intuitivo, y no podría ser objeto de un conocimiento discursivo, como el que caracteriza a la razón; para servirnos aquí de la terminología escolástica, el intelecto puro es habitus principiorum ('hábito’ -o 'posesión'- de los principios), mientras que la razón es solamente habitus conclusionum.”

"No se demuestran los principios, sino que se percibe directamente su verdad."

Suena loco, pero es toda una experiencia. Más en unasgalletitas.blogspot.com

domingo, junio 07, 2009

Yo soy inteligente, si no, no escribiría
Yo soy un resentido, si no, no lo diría
No escribiría
¿Para que escribir si soy inteligente?
Para dejar de serlo.
Total, ser tonto, puedo seguir escribiendo.
Y me entretengo.
Pero mostrarlo ya es otra cosa
¿O el hecho de escribirlo es ya demasiado?
Yo quiero alguien que me quiera
Y que mejor forma de encontrarle que siendo inteligente
Por eso soy un resentido
Pero ya se me va a pasar.

lunes, junio 01, 2009

El blog es un medio de comunicación ocupado por literatos frustrados, gente solitaria, gente tonta que se cree inteligente. No tendría razón de ser delimitar a quienes tienen un blog y esta ud. en lo cierto, vendo la pomada y esta ud. en lo cierto (no me gustan las cosas al lote, las palabras sueltas, las cosas sin sentido), pero también esta la gente que se aburre, que esquiva ese preciado vacío existencial que lo justifica y la que tiene una vida y la muestra a los demás, esos son los blog más aburridos y solo frecuentados por familiares y amigos.

Acabo de descubrir la escritura como forma de meditación. Ese fue mi primer pensamiento. Luego me di cuenta que no soy más que una marioneta. Ahí ejecuté un pase largo, como el que le puso el Coto Sierra en Wembley a Salas, solo que a la velocidad del pensamiento ejecutor y ejecutado, por decirlo así son el mismo, yo. Pensamiento hiperbolico o pensamiento a secas, bienvenido. Faltó decir que la escritura no es más que un ejercicio de lógica si uno no quiere decir nada. Matemática pura. Y que la meditación tiene una relación con el pensamiento, serían lo mismo pero meditación tiene una connotación new age muy a pesar de los hindúes. Osea no abría dicho nada malo al comienzo del parrafo. Acabo de caer en la cuenta de que el pensamiento es otra cosa que el lenguaje, el lenguaje le queda chico. Primero no se quien lo invento. Yo creo que no tenía buenas intenciones. Segundo no se porque puse primero. Tercero es un gancho publicitario. Cuarto esto no tiene jerarquía. Cinco podría ser el punto más importante. Seis, nunca había tenido tan claro que el pensamiento no es lenguaje, está más relacionado con el tejido. Es como mirarse al espejo, es vanidad. Es entretenido.

jueves, febrero 19, 2009

Cerdos. Parece que vinieran arrancando. No alcanzan a poner un pié en su casa y prenden la tele, pero, entonces, ¿es su casa realmente? En mi casa no habrá tele, no me gusta. De partida es programada. Sería la casa del programador, del dictador, que les quitó la tele a las universidades. Oh. Pero, una vez más, ¿quién es el dictador?

Cuñas. Meten cuñas. Así de simple. Desarman. Cortan. Analizan. No hay ritmo en este párrafo. No alcanza a despegar uno cuando ya te están tirando mierda.

Se escribe en la calle. Dicen que escriben, escriben “digo que escribo”, osea escriben “yo escribo”. En el fondo no escriben nada. Dicen que escriben, pero lo que hacen es leer. Ahí le achunté. Me retracto. ¡Dicen que leen! Que van a leer si nadie escribe. Un estertor por ahí, que movió el brazo, que fue tu tío, que fue cualquiera menos el dueño. Del brazo, me refiero. Así las cosas soy una marioneta.

Retomo. Dicen que leen. Se entrometen, mas bien. Hacen sonar las llaves. Y dicen cosas que no le atienen a su interlocutor, sino al vecino, o incluso a la tele. Conversan como de soslayo, le hablan a uno como si uno no fuera uno. O buscando que uno no lo sea. Da pena la verdad. Pero no hablan. Por lo que no escriben. Solo leen. Y lo más interesante es que leen, pero lo que leen lo inventan ellos. En realidad no lo inventan o si no escribirían. Lo sacan del inconciente colectivo por decirlo así. Del sentido común. Un saco de mierda.

En general se trata de una cantina. Porque no viven, toman. En el ápice de la mediocridad viven un sueño colectivo en donde el que escribe es criminal. Talvez asesino, tal vez ladrón. En el fondo tampoco leen. O a lo sumo leen el diario. Porque el libro no se mueve. Obvio. Esta escrito.

Entonces no es su casa pues. No es na’ su casa. De cualquiera menos de usted. Es lamentable pero esa es la verdad. La verdad es que esta verdad no es tan verdad como la verdad que uno designa cuando dice verdad, porque la verdad y la mentira nos remiten a la niñez. Y ser niño es una ofensa. ¡Yo soy un hombre! O una mujer, en su defecto.

Del cartero, de lucho jara, de rafa araneda, de sergio lagos, de felipe camiroaga, de tonga tomicich, de chico perez, de jordy castel, de leo caprile, de los de las noticias, y por sobre todo del perro y del gato.

Adivina que viene ahora. Ganarás. ¿Te importa? Vivimos en una cárcel. O tal vez en un kindergarten. Siempre es FOME. ¿Estar atento es estar vivo?

Jugarretas, bromas, chistes. Triquiñuelas, mascaras, gargajos, confusión, confusión, vergüenza, pena, enojo, desespero, frío, miedo, desconfianza.

No hay amor.

O tal vez no es posible en estas circunstancias.

Tal vez mañana me muera.

PD: Si leyeran leerían, y no lo dirían. Porque automáticamente caerían. Por ende estoy solo. Donde tu crees que me viste, ahí es exactamente donde dejé de estar cuando tú, cerdo, me asesinaste.

Da pena vivir en estas condiciones.

Los pobres niños. Yo nunca fui un mono parlante. Un transmisor de mensajes del más allá. Un pobre paco. Pobres niños huecos. Lo digo porque no recuerdo haber sido así. Recuerdo haber tenido mis pensamientos, que éramos como células de un cuerpo más grande, me daba cuenta al mismo tiempo que no era exactamente así. Nunca creí tener superpoderes. A veces hasta de eso se me acusa, de creer que tengo poderes. Y me da pena, entonces me llaman llorón, y me da rabia porque no me entienden, porque no me quieren, porque no saben. Yo tenía mis pensamientos, ahora no tengo más que pena, y a veces rabia. Yo miraba, escuchaba ¡yo sentía! Yo era mi propio dueño.

Pero me llamaba la atención cuando hablaban y me miraban como si yo no supiera que estaban ahí mismo. ¿De que hablan? Entonces me caí. Porque pensé que hablaban sobre algo, si me hubieran dicho que hablaban por hablar no me habría perdido buscando lo que ellos tampoco saben. Pero pareciera que saben. No hay un adentro. No hay puerta, no hay ventana, no hay casa. Solo el desaliento de saberse engañado, constantemente, y saber, tener la certeza, de que nadie te va a pedir perdón. Nadie me va a dar nada.

Y después de la pena ¿qué?